L. Gant | Ante el reto de hacer Los increíbles, después de haber triunfado ya con Toy Story, Bichos, Toy Story 2, Monsters Inc, y Buscando a Nemo... el director y guionista Brad Bird salía al paso de la posible presunción de su equipo de creativos y dibujantes de los estudios de animación Pixar arengándoles así: “Recordad, la película va a ser para toda la vida. Vuestro sacrificio, en cambio, será pasajero”. Y eso que en principio dibujar suele ser una vía de escape, un hobbie y… sus múltiples derivaciones. Al principio la frase me gustó. Me pareció cargada de motivación. Pero después pensé que más bien me sonaba como una llamada a pactar con el inevitable sufrimiento. En definitiva, a victimismo puro y duro. No acaba de convencerme ese tipo de arengas.

Como si en el desarrollo de un trabajo no cupiera más que la resignación y en el transcurso del mismo no hubiera ningún tipo de compensación. Todo tristeza y agonía. Y no es así. O no debería ser así…

He concluído en más de una ocasión que entre profesionales de verdad, esos que saben mucho de lo suyo, es difícil delimitar cuando están disfrutando y cuándo les está pareciendo un sacrificio aguantar el tirón y las exigencias de su trabajo. Se me vino a la cabeza aquella frase que leí hace ya un par de años acerca del ocio y el trabajo: “El Maestro en el Arte de Vivir apenas distingue entre sus obligaciones y sus aficiones, su trabajo y su ocio, su mente y su cuerpo, su educación y su recreo, su amor y su religión. Él simplemente persigue su visión de la excelencia en todo aquello que hace, dejando a los demás que decidan si está trabajando o jugando. Para él, siempre está haciendo ambas cosas.” (Esta frase está atribuida a un Budista Zen citado en “Head to Head” por Lester Thurow, Dean of M.I.T.’s Sloan School of Management).

Cabe. Se puede hacer ambas cosas, trabajar y disfrutar. Pienso que mucho más de lo que nos parece. También pensé en Agatha Crhistie, que una vez vio un pergamino chino que le encantó y que, según ella, nunca ha olvidado. Representaba a un anciano sentado bajo un árbol, haciendo una cunita con una cuerda entre los dedos. Se titulaba: “Anciano disfrutando de los placeres del ocio”… Y es que, puede parecer exagerado, pero a veces pretender distinguir entre ocio y trabajo es intentar ponerle puertas al campo…

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