Posted by L.Gant | No es una cualquiera. Es una silla de ruedas. Y no es por ella misma. Es por la persona que se sienta en ella. Está en el segundo piso de mi edificio. Pertenece a una anciana de 96 años. Se puede decir que su habitación es su casa: no sale de ella. Pero es una habitación muy concurrida. Hay quienes dicen que tiene efecto imán. Pero no es por la habitación, que habilitaron bien cuando no le quedó más remedio que estar en silla de ruedas. Es por la confluencia de dos fenómenos: su enfermedad y la atención que la gente está siempre dispuesta a dedicarle. Ella ‘sólo’ mira. Observa. A veces dudo de si, más que hacerle compañía yo a ella, es ella la que nos la hace.

Fue uno de los primeros trabajos que tuve cuando llegué a vivir a este edificio: cuidar a esta anciana. El ritmo de esta casa, se puede decir que gira en torno a ella. Desde su silla, sirve de puente de unión. No sólo entre las personas que vivimos aquí con ella, sino con familiares que tiene dispersos por el mundo y que no pueden atenderla en primera persona.

Y me doy cuenta de que si se quiere hacer bien, hay pocos trabajos tan satisfactorios como este. Las medicinas siempre a punto; el jarroncito con flores naturales cambiadas a tiempo; la bandeja de desayuno comida y cena en la que no faltan nunca detalles; el doblado de la servilleta cada día distinto; los complementos; el cambio diario de sábanas. Lo coqueta que la hemos vuelto…

Estar con ella es una de las mejores escuelas para aprender a trabajar. Uno de los mejores puntos formativos de todas las ofertas laborales del barrio. Evidentemente, no es sólo por lo que haga ella, que es prácticamente nada. Aparentemente mira, ya lo hemos dicho. Y suponemos que piensa, no lo sabemos, pero la verdad es que no dejamos de hablar ni un solo día con ella. Es porque la condición de enfermo invita a sacar lo mejor de los que lo atienden. Porque dar respuesta a su vulnerabilidad nos ayuda a no olvidar nuestra fragilidad.

Y, sobre todo, porque desde aquí se palpa la capacidad de entrega de los demás. Y eso cuando se adquiere y se tiene dentro, ya no se pierde nunca.

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