Posted by Moro Lena| Cada día lo tengo más claro: es muy difícil ignorar las tareas de la casa. Es imposible que pasen de moda. Agitar las aguas y remover ideas en torno al trabajo del hogar, no es una cuestión febril… No es algo pasajero ni fruto de un ataque de histeria porque un día y otro nos hayamos encontrado algún que otro desorden. Va mucho más allá. Algo hay en estas tareas que las hace perennes. Pase lo que pase, siempre tendremos la oportunidad (y no la desgracia) de llegar a casa e ingeniárnoslas para tenerla a punto, para servir a través de este trabajo a quienes comparten nuestro mismo techo.

Basta con que uno de los miembros de la familia se decida a ‘seguir remando’… Es monótono, lo sé. Pero tiene efecto. No sólo en el rumbo, sino en el destino al que se llegue. No sé por qué razón, hace tiempo que tengo asociada esa imagen de remar a quienes se dedican un día y otro a las tareas de la casa. Forman ese telón de fondo tejido a base de decisión y perseverancia. Cocinar, lavar la ropa, planchar, coser, ordenar, hacer camas, planificar menús, poner la mesa, organizar limpiezas… Se trata de una actividad más tranquila que otras. Un quehacer que nos ha sido adjudicado gracias a una confianza heredada y que no exige a decir verdad casi nada más que tesón, una estricta discreción y honestidad: la de desempeñar estos trabajos con orgullo, sin victimismos ni complejos. Sin llamar la atención. Sabiendo que, en definitiva, lo que custodiamos es, ni más ni menos, la posibilidad de que la gente esté bien cuidada en su propia casa.

Dicen por ahí que conviene insertar el pensamiento en una tradición, porque el pensamiento no lo inicia nunca uno mismo. Siempre hay alguien antes que pensó en algo hasta un punto y es en ese punto donde continuamos nosotros. Pues bien, en realidad, el trabajo del hogar -el único que pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas- tiene un recorrido tan dilatado en el tiempo, que lo que aquí digamos se suma a lo dicho durante siglos. En este blog no aspiramos a decir nada nuevo sobre el mismo. Es un trabajo como cualquier otro. Como toda profesión, es un servicio. Sin embargo, pensamos que hay algo en él que lo hace diferente a otros tipos de trabajos.

Se nos confía de forma extraoficial y como por acuerdo espontáneo la administración de una de las mayores fortunas que la humanidad puede llegar a atesorar: la del cuidado integral de las personas. No tenemos más que conservar ese buen hacer que nos legaron las generaciones precedentes. Seguir remando.

Por eso, sin ánimo de pasar a la historia, pero con la intención de cambiar en ella lo que haga falta, para conseguir concienciar de la importancia de los trabajos del hogar, desde este blog aplaudimos que no se asocie el valor de cada profesión a la mayor o menor dificultad que conlleve su realización. Y, aunque no haga falta ponerlo por escrito, no hay remedio: no podemos dejar de anunciarlo. Merece la pena echar un vistazo alrededor y comprobar que está al alcance de todos asumir ciertos papeles domésticos. Al fin y al cabo, todo el mundo tiene una casa a la que llegar. Y es una sana ambición la de querer que sea la mejor.

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